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Dos mujeres viajeras que sabatican su vida
 
Mi pasión viajera la sembraron mis padres, sin darse cuenta. Desde que tengo uso de razón, recuerdo cómo, llegadas las vacaciones, literalmente, nos subían a un carro, a mis tres hermanos y a mí y nos llevaban a recorrer Colombia. Un año por la costa Atlántica, otro año por el centro del país, otro por la Costa Pacífica, podíamos gastar 30 días recorriendo sin límite de tiempo ni de horario y sin premura, pernoctábamos en la ciudad que quisiéramos y no llevábamos nunca una reserva de hotel, por tanto elegíamos a conveniencia. Los viajes podían ser tan largos como quisiéramos. A mis quince años, mis padres me enviaron a Europa en una excursión especializada y al oler el viejo continente no pude jamás despegarme del ansia de viajar.
Al mismo tiempo, en otra ciudad de Colombia se despertaba otra pasión viajera, la de Patricia, a quien su Madre le inculcó, desde niña, lo hermoso que es descubrir el mundo, aprender las culturas y conocer, viajando y fue así como la costa colombiana se convirtió para ella en un deseo constante. Cuando Patricia tenía 14 años, su madre tuvo que asistir a un evento en Sicilia; era un congreso al cual asistieron personalidades de todo el mundo; de la India, Marruecos, España, Reino Unido, Países del Medio Oriente; 172 países reunidos en tal evento. Compartir con ellos, escuchar sus diversos lenguajes, reparar en sus ropajes y mucho más, llevó a Patricia a concluir querer conocer el mundo entero. Por lo menos gran parte de él, representado en una muestra de cada cultura.
Dos almas que se unieron por esta y otras pasiones. Patricia y yo, nos conocimos viviendo fuera de Colombia en el año 2000 y desde ese momento juntamos los espíritus hacia la búsqueda insaciable de la felicidad, la cual no es otra que viajar, comer, salir, leer, disfrutar la música, ir a conciertos, entender doctrinas Budistas e intentar aplicarlas a nuestras vidas y trabajar incansablemente para costear nuestro entusiasmo.
Sabaticando te regala felicidad. Compartimos los lugares que conocemos de una manera real para que otros viajeros se animen, si es su gusto, a visitarlos. Describimos lo que vemos y sabaticamos nuestras vidas. ¡SOMOS FELICES!